jueves, 10 de febrero de 2011

EN UNA FIESTA DE DISFRACES...

No deja de ser curioso que existan encuentros tan fortuitos, tan casuales, tan inesperados que produzcan una cierta sensación de irrealidad.

Son, sencillas coincidencias que tienen su semblanza en el hecho, simple, del paso de alguien por nuestro lado deambulando por la calle o entre los invitados de una fiesta de disfraces...

Alguien a quién quizás nunca más volveremos a ver. Pasa y se va.

Si este hecho ya me resulta suficiente enigmático, la cosa se agudiza cuando nos presentan por azar, intercambiamos unas palabras - quizás insustanciales - una conversación improvisada, graciosa en el momento oportuno, un tono de voz, un acento particular... que provocan un altibajo de las sensaciones, de los afectos ( hasta entonces adormecidos), un movimiento , ni tan solo mínimo del alma que me hace, sorprendentemente, dar mi número de teléfono a un desconocido...

Cómo expresar todo lo que me comoviste sin que parezca que no fue ni demasiado ni poco, sinó simplemente lo que FUE: aquellas casualidades que la vida te ofrece y se transforma en regalos, de esos que valen la pena de verdad, los que valen la pena vivirlos y marcan un antes y un después en el viaje personal de uno.




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