Son, sencillas coincidencias que tienen su semblanza en el hecho, simple, del paso de alguien por nuestro lado deambulando por la calle o entre los invitados de una fiesta de disfraces...
Alguien a quién quizás nunca más volveremos a ver. Pasa y se va.
Si este hecho ya me resulta suficiente enigmático, la cosa se agudiza cuando nos presentan por azar, intercambiamos unas palabras - quizás insustanciales - una conversación improvisada, graciosa en el momento oportuno, un tono de voz, un acento particular... que provocan un altibajo de las sensaciones, de los afectos ( hasta entonces adormecidos), un movimiento , ni tan solo mínimo del alma que me hace, sorprendentemente, dar mi número de teléfono a un desconocido...
Cómo expresar todo lo que me comoviste sin que parezca que no fue ni demasiado ni poco, sinó simplemente lo que FUE: aquellas casualidades que la vida te ofrece y se transforma en regalos, de esos que valen la pena de verdad, los que valen la pena vivirlos y marcan un antes y un después en el viaje personal de uno.
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