El sonido de mi móvil se convirtió en un compañero inseparable: su zumbido, unido a esa melodía medio metálica- electrónica me sabía a música celestial. Lo que somos y en qué nos convertimos , asociándome (después de cuatro años) al perro de Paulov que segregaba jugos ante la presencia del pedazo de bistec de turno. Que simil tan cruel pero , a su vez, qué real.
Ciega por el sentimiento, la diversión , la incertidumbre, el desasosiego, las sorpresas, los infinitos detalles y el convencimiento de sentirme princesa de un príncipe con antepasados nobles de un condado del sur de Francia: para mi más que un príncipe, un caballero medieval,un juglar, un trobador de la vida que a través de su guitarra me elevaba a lo más alto : densidad y belleza...¡ Exacto ! ,estas son las palabras. Densidad y Belleza, no estaba nada mal para mí (vivendo con presencia constante nuestra diferencia de edad) .Yo siempre tan arriesgada y con ganas de vivir, me lancé con la intención de no pensar , apartando con gran decisión todo fantasma amenazador capaz de paralizarme y acercarme a la razón.
Porque , a pesar de todo, si no bonito encontraba grandioso sentirme de aquella manera. En un mundo condensado, replegado en sí mismo, sin principio ni fin. Pulido y conveniente para deslizaaaaaarse, medio sonámbula, medio histérica, ajena a lo que tuviera que venir.
A pies juntillas, llena de sentimiento que me elevaba y me acobardaba a su vez. Eso es lo que yo, HOY , llamo: Densidad y Belleza, densidad y belleza, densidad y belleza.
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