lunes, 18 de junio de 2018

EL EXTRAÑO SILENCIO DEL MAR CONTRA LAS ROCAS

Aquel día, después de largas inquietudes y monótonos silencios, observaba como la luz se iba apagando en el cielo, y éste adquiría tonalidades grises que parecían cubrirlo todo en una cansada , oscura y densa nebulosa.
Todo parecía estar tranquilo, quizás demasiado y un halo mortecino de una tarde casi noche envolvía en sus redes la casa y a todos sus habitantes.

Decidí salir para llenar mis pulmones de aire fresco y despejar los viejos fantasmas que concurrían en mi mente; el mar con sus bailes y movimientos encantados sería el único "ser" que podría devolverme un hálito de vida.
Fui acercándome a la playa lentamente mientras caminaba sobre la arena de una forma extraña, pues sentía bajo la planta de mis pies un hormigueo de infinitas y minúsculas partículas que a cada paso que realizaba se desplazaban en masa con un roce suave. Mis huellas quedaban dibujadas en surcos profundos formando un trayecto de ida y no de vuelta.
Mi mente confusa vagaba alrededor de montañas llenas de nieve, blancas y claras y cuyos picos prácticamente inalcanzables, eran la meta de muchos seres como yo.
Poco a poco llegué a los acantilados donde el mar ruge con más fuerza y sobre los cuales estrella toda su furia contenida en su largo caminar por los océanos.

Allí solía ir siempre que me encontraba sola y desolada, pues la reyerta que el mar y sus fieles amigas, las rocas, mantenían, me infundía fuerzas y valor.
Observé, no sin extraña curiosidad que un silencio no usual era protagonista aquel día.
Los movimientos, ondulaciones e impactos, así como las pequeñas gotas que estallaban al producirse el contacto del agua con las rocas, estaban mudas.
Un silencio casi espectral rodeaba todo.
Las nubes lilosas formaban una sílaba tónica en el conjunto y eran las únicas que parecían inspirar alegría... ¿Acaso las cosas que nos rodean no pueden infundir una emoción propia ,que las identifique? Yo pensaba y de esta manera me explicaba el mutismo reinante; ¿No es verdad que una persona cuando está exhausta , después de una jornada interminable y agotadora, desea olvidarse de todo y descansar?
El mar y el resto de sus compañeros, individuos todos del reino de la naturaleza, son incansables, el mar seduce con el vaivén de sus olas, susurra con su sonido, pelea acompañado con la fuerza de los vientos, calla, sufre, ríe, ama... Cuesta concebir la idea que  sea sólo un privilegio del ser humano.
¿Y la imaginación? , la que todo lo transforma, la nuestra ,la que también posee el privilegio de transformar convenientemente.....

Hoy el mar y sus amigas las rocas estaban calladas, mantenían sus danzas dentro de un ritmo especial, quizás sus movimientos suelan adquirir formas más brillantes, pero su completo silencio,  el de hoy, el de ahora,entendido y respetado por mi .me infundía paz y tranquilidad.

Permanecí como embrujada durante un tiempo, perdiendo mi mirada en el infinito, absorta en mis pensamientos. La brisa bañaba mi rostro y un profundo olor a algas marinas y a sal me sacudió. ¿Me había quedado dormida?

Parecía ser que así fue , pues las ropas que llevaba estaban todas mojadas y mis músculos entumecidos, revelaban que había estado allí más de la cuenta.
Conseguí enderezarme y me dispuse a abandonar el lugar, encaminándome hacia la casa.

Un ruido extraño, semejante a un murmullo acompasado y en momentos crepitante me hizo volver la mirada hacia allá y observar las olas, las rocas, su constante estrecharse mutuamente,  volvían a hablar .... 

Y supe que su mutismo sólo había pertenecido a mi sueño. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario